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Separación

Yo (no) quiero separarme: ¿Una crisis terminal de Pareja?

Generalmente las historias de pareja, sean recientes o de larga data van recolectado diversos temas conflictivos a lo largo de su coexistir. Es decir, siempre son capaces de reconocer aquellos problemas que se repiten una y otra vez, o cómo aparecen traumáticamente eventos que quiebran la relación, explícita o implícitamente.

A lo largo de mi experiencia he visto como las parejas dolorosamente relatan como han intentado una y otra vez, incansablemente, hacerle ver al otro a su propia manera, como es que no lo están pasando bien. Llegan comúnmente a terapia mostrando mucho cansancio, incomprensión de parte de la pareja, frustración, y lamentablemente  muchas veces solicitan terapia cuando ya están tan entrampados que las salidas de esa situación las ven muy reducidas. Por esto es que es en extremo importante asistir a terapia de pareja antes de que la crisis se vuelva una conversación desesperanzadora. Mi postura como clínico es que casi todos los problemas de pareja son posibles de resolver, en el compromiso de embarcarse en una disposición racional y emocional no sólo de salvar la relación, sino de aprender el uno del otro, y naturalmente, de sí mismos. Aún cuando sientan que ya lo han hecho todo y no ven salida a esta crisis, afirmo que aún así es posible reparar, comprender y reformular una relación de pareja. Sólo es necesario, en la mayoría de los casos, que tengan la tolerancia suficiente de mantenerse en terapia lo necesario para “dar una vuelta de tuerca” a su situación actual.

Como he dicho, no siempre esta sensación de “no hay vuelta” es cierta, por lo que nunca hay que estar totalmente convencidos de que este es el desenlace inevitable. Siempre hay que recordar que en situaciones de crisis se adueñan de nosotros emociones muy potentes como la pena, la rabia, la frustración que en una medida no menor ensombrecen la percepción, no es posible ver al otro sino sólo la propia emoción. No es que nos convirtamos en seres egocéntricos, sino que sencillamente nuestra biología es incapaz de reaccionar independiente de la emoción que estamos sintiendo (Maturana, 1998 – De la biología a la psicología).

Toda pareja se edifica desde la expectativa del “juntos para siempre”, donde el amor lo puede todo, en donde las medias naranjas son parte de la vida, y toda dificultad puede “mostrar” que “tu no eres para mi” pues es obvio que un alma gemela no tiene problemas graves. El uno para el otro, made for each other. ¿Qué tan realistas somos al enfrentar el compromiso de una vida juntos?. Hoy las parejas llegan a consultar apenas a un par de años de casados, desorientados y muy angustiados por que sienten que la relación ya no da para más. Sin embargo hay que distinguir que esta época, la que llamamos posmodernidad, da pie a la búsqueda de la satisfacción casi inmediata de nuestros deseos, donde la frustración no es tolerada y más aún, si algo o alguien no me sirve (o no me satisface), mejor cambiarlo (Pérez, 1997). Las parejas hoy en día se separan más tempranamente que en antaño, pues sus expectativas (irracionales) se desmoronan rápidamente, cosa que no toleran con facilidad. Hoy es más difícil aceptar al otro como distinto a uno mismo.

Para describir la sensación de parálisis que vive una pareja en una crisis es necesario mostrar una imagen, que intentaré adaptar a lo que he escuchado en parejas:

 

  • Yo (no) quiero separarme, pero me voy de la casa o necesito pensar lejos de ti. Alejándome, no peleando, salvo la relación.
  • Si tu cambiaras todo sería distinto (tienes que darte cuenta que estás equivocada/o) Ambos se dicen lo mismo.
  • Cambia por que me amas, y no porque yo te lo digo (No confío en ti).
  • ¡Tu provocaste esto! Yo soy absolutamente inocente. La relación siempre estuvo en tus manos, tu eres responsable de ambos.
  • No me ves, no te fijas en mí; toda mi vida ha sido así, nadie me ve…y tu deberías demostrarme que eres distinto al resto del mundo (la ilusión de la reparación de la propia vida).

 

Muchas veces los relatos de ambos se encuentran en la imposibilidad lógica de construir una explicación conjunta de que es lo que los está separando.  Estas frases no tienen posibilidad de resultar en un relato coherente cuando es leído a dos voces (o incorporando ambas experiencias). Las crisis tienden a rigidizar percepciones, atribuciones y explicaciones del problema y se vuelven muchas veces absolutamente redundantes (la repetición hace la regla).  Por eso es que claramente el dicho entre terapeutas de pareja es: para ser pareja se necesitan dos, pero para separarse, sólo uno.

Cuando titulo “Yo (no) quiero separarme” quiero dar a entender que toda ruptura de pareja trae consigo un considerable monto de ambivalencia, entendido como los vaivenes que ocurren al desear que el dolor termine, al salir de la relación, y el deseo que el conflicto desaparezca para recomenzar la relación como ocurría en un principio. La separación no es un momento determinado en la vida de una pareja, es un proceso que comienza la primera vez que se habla del tema y termina cuando ambos tienen la certeza que pueden vivir bien sin el otro. Esto reviste varias problemáticas, ya que llegar a tener esta posición vital requiere de mucho tiempo. Recuerden que según algunas investigaciones el amor se acaba totalmente después de 2 años sin estar con el otro.

Alejandra Godoy Haeberle
algodoy@vtr.net