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Blog Hablemos de Pareja y Sexualidad

Miedo al compromiso: un fenómeno posmoderno

Por Alejandra Godoy Haeberle
29 marzo, 2010


A medida que se consolidaba el matrimonio por amor, más se esperaba de la pareja y aumentaba el divorcio. En esta sociedad inmediatista, hedonista e individualista, las relaciones fuertes se perciben como un peligro para la autonomía o bien se pretende tener el control sobre el otro. Surge tanto el miedo a las ataduras sin límite temporal como a la entrega afectiva; en el fondo, existe pánico a perderse uno mismo dentro de la relación.

Una de las mayores transformaciones en el área de la pareja, la cual se fue consolidando durante el s. XIX, fue el “matrimonio por amor”, tanto así que hoy en día se condena al que considera otros motivos para casarse que no sean el amor. Paradojalmente, a medida que se consolidaba el amor romántico como requisito para unirse en pareja, iban incrementándose los índices del divorcio. Si casi lo único que mantiene ensamblado al matrimonio moderno es el amor, cuando este se extingue (o se cree que se extingue), el vínculo tiende a deshacerse muy fácilmente.

Es así como se fue poniendo un énfasis cada vez mayor en la satisfacción de las necesidades afectivas, sexuales y de comunicación, conduciendo a exigencias inéditas y a que se cruzasen antes los umbrales de decepción o frustración. A este incremento de expectativas y demandas al interior de la relación, se le fueron sumando las complicaciones derivadas del matrimonio hasta que la muerte nos separe, dado el nuevo contexto socio-cultural “marcado por la inmediatez del eterno presente y por el consumismo hedonista, donde el individualismo y su correspondiente exagerada individuación característica de la Segunda Modernidad, lleva a que se perciban las relaciones fuertes como un peligro para los valores de autonomía personal” (Bauman). El para toda la vida suena como un plazo demasiado largo.

Para complicar aún más esta problemática, en los últimos años pareciera haberse ido modificando el auto-concepto que la pareja occidental tenía de si misma. Ahora existiría una nueva disposición emocional, con sus fantasías inconscientes correspondientes, orientada a tener el control sobre el otro (Campuzano). Este fenómeno podría formar parte de la actual ilusión de poder, en que pretendemos estar asegurados contra todo, dado las tantas inestabilidades e incertidumbres imperantes en el ambiente social. Por tanto, uno de los primeros retos sería lograr construir una vinculación profunda y duradera, con acuerdos estables y responsabilidades recíprocas, entre dos individualidades que defienden sus necesidades y proyectos, donde se deben tener en cuenta tanto los intereses colectivos de ambos como los personales de cada uno. Las personas se mueven entre el deseo de estar en pareja y la necesidad de ser independiente, entre el temor a la soledad y el miedo a quedar atrapado. Por lo tanto, el gran desafío sería poder conciliar el proyecto de vida propia con el anhelo de amor.

Dadas estas condiciones, la díada solo puede mantenerse si logran un entendimiento tanto en el plano verbal como en el sexual, si tienen paciencia y sensibilidad hacia el otro, si desarrollan la destreza de poder llegar a acuerdos gracias a una continua negociacióny si es capaz de aprender a gestionar los sentimientos, la distribución de funciones y tareas, la balanza de poder, el establecimiento de solidaridades y prioridades, etcétera. Una labor que, como afirma Castro, puede ser angustiosa pero también muy satisfactoria y que generará tanto estrategias como respuestas que reconstruirán las dinámicas de la relación y que, seguramente, desembocará en un escenario de pareja diferente y complejo que no apuntaría hacia la desaparición de la pareja, pero sí a una crisis consistente en la ruptura de los modelos tradicionales.

Así llegamos a que uno de los fenómenos más característicos de esta época, según la mayoría de los especialistas, sea justamente el pánico al compromiso, no solo en hombres, sino que también – e incluso más – en mujeres. Uno de los índices en que se refleja este miedo al compromiso radica en el regular aumento de la cantidad de solteros en todo el mundo. Según Kaufmann, hay períodos más favorables a la soltería que otros y, si bien hoy existe una sensación de mayor fragilidad en la que se busca más protección y en que, por tanto, repuntan los valores familiares, para muchos jóvenes el vivir juntos sin mayor compromiso presenta un atractivo del que carecerían otros vínculos. En este tipo de lazos, las intenciones son modestas, no se hacen promesas ni declaraciones y, cuando las hay, éstas “no son solemnes, ni están acompañadas por música de cuerda ni manos enlazadas; casi nunca hay una congregación como testigo y tampoco ningún plenipotenciario del cielo para consagrar la unión. Se pide menos, se conforma con menos y, por lo tanto, los costos a cancelar son menores y el plazo del pago es menos desalentador (Bauman).

Cabe aclarar que dicho miedo al compromiso no se ha generalizado a todos los grupos etarios, sino que se encuentra entendiblemente concentrada entre los que bordean los 30 años, quienes parecieran tratar de eludir las problemáticas que implican un vínculo amoroso estable en el cual va surgiendo la interdependencia. Para esta generación, el hecho de entregarse se asocia a la pérdida del control sobre sus propios afectos, a quedar bajo el poder del otro y, por ende, a terminar sufriendo – tanto – que culmine en un daño a su salud, asunto que ha adquirido una inusitada importancia en la sociedad en los últimos años. En otras palabras, esta tendencia no consiste solamente en una elusión de las reglas y responsabilidades que implican un acuerdo formal, sino que también entraña algo más sutil e insidioso, un temor a la entrega total, en el sentido de “poner todos los huevos en la misma canasta”, en hacer converger los tres pilares fundamentales de una relación de pareja en una misma persona: intimidad emocional, sexo y compromiso.

Entonces, por un lado existe una suerte de fobia a las uniones comprometedoras, a las ataduras sin límites temporales y, por otro lado, se teme a la entrega afectiva, a caer en la dependencia, a perder el control; en el fondo, existe pánico a perderse uno mismo dentro de la relación. Singly acuñó una expresión muy decidora Libres ensemble (Libres juntos) para referirse principalmente a los jóvenes que se resisten a disolver su individualidad en el singular común “pareja” y donde el mayor problema ahora ya no es mantener la independencia, sino encontrar qué hacer juntos.

Para Bauman, los nuevos vínculos de menor compromiso que han ido surgiendo se caracterizarían por ser narcisísticos, deteriorantes, frágiles, efímeros, precarios y con escasos proyectos vitales compartidos; donde se busca sólo el contacto para lograr los suministros afectivos y eróticos imprescindibles. La pareja es reemplazada por contactos íntimos circunstanciales, operatorios, de descarga, sin compromiso en lo afectivo profundo, acordando solo niveles sexuales, intelectuales o de amistad (Bruno), tal como se refleja en nuestros términos de “andar” o “salir con”, o en las interacciones por Internet. Estas últimas se han convertido en una especie de modelo que estaría infiltrando al resto de las relaciones interpersonales, donde más que relaciones se buscan conexiones que no necesiten una mayor implicación ni profundidad, en que cada uno decide cuando y como conectarse, en que siempre se puede pulsar la tecla Suprimir.

Coherentemente con el liberalismo económico imperante, existiría una mentalidad inmediatista y consumista ante las relaciones de pareja, en el sentido que el resto de personas pasan a ser consideradas como una especie de mercancía con la cual satisfacer alguna necesidad y el amor se convierte en una suerte de consumo mutuo guiado por la racionalidad economicista, donde el ethos económico invade las relaciones personales. Dentro de este contexto, los vínculos afectivos estables se convierten en una hipoteca (Bauman), sin que los afectados se percaten que esta ideología produce cualquier cosa menos una auténtica libertad. Bruno es especialmente duro con estos jóvenes dominados por el miedo al compromiso. Según este autor, faltaría una consistencia personal y una coherencia con las responsabilidades asumidas, todo debe acomodarse al interés actual del sujeto, pero es “sacrílego” pedirle que se atenga a sus compromisos. El horror al “sujeto sujetado” conduciría al posmoderno hacia una existencia amorfa y voluble, a ser un “flan” moral, a practicar “éticas de bolsillo” desechables a gusto del consumidor.

Sin embargo, los límites al compromiso emocional que erigen hoy los jóvenes, parecieran tener más bien la función de preservar del sufrimiento De acuerdo con Sabatini, para evitar el riesgo de sufrir – propio de la investidura de otro – se impone una “desnutrición vincular”, un empobrecimiento afectivo en las interacciones. En efecto, en los nuevos estilos de vínculo, el otro es fácilmente intercambiable, lo que reaseguraría de este modo contra la pérdida, el abandono y el doloroso duelo posterior. Todo este proceso implica unadeslibidinización y un descompromiso emocional, cuyo consecuencia inevitable es una sensación de vacío difícilmente tolerable, el cual se intenta paliar de múltiples maneras, como por ejemplo, buscando ansiosamente emociones intensas que creen encontrar en una nueva pareja, originándose un círculo vicioso.

Para finalizar cabe agregar que, en esta compleja época en que se busca una pareja teniendo como telón de fondo la autonomía y la evitación a ultranza del dolor, dentro de una sociedad en que se sobrevalora la equidad, el consumismo y la inmediatez, donde se exige el derecho a la felicidad y existe una escasa tolerancia a la frustración, donde todo es revisable entre dos personas que están ahora en igualdad de poder; la personalidad y la madurez emocional de sus integrantes, pasan a ser fundamentales.

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4 comentarios

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natalia dice:

BUENISIMO ARTICULO. RETRATA A LA PERFECCION MUCHOS DE LOS MALES DE NUESTRA SOCIEDAD ACTUAL.

POR SUERTE, TENGO MI MENTE LUCIDA Y PUEDO PERCATARME DE TODO ELLO PARA LOGRAR TENER UNA RELACION DE PAREJA MAS SANA.

AHORA ES CUANDO ME AGRADA SENTIRME “BICHO RARO”.DESDE PEQUEÑA ME HAN GUSTADO MAS LAS RELACIONES COMPROMETIDAS Y NO PASAJERAS, TANTO ASÍ KE MI PROBLEMA EN ESE AMBITO SON MIS CAIDAS POR ENTREGAR DEMASIADO Y COMPROMETER MUCHOS AFECTOS.TODO LO CONTARIO A LO KE OCURRE HOY EN DIA CON MI GENERACION.

EN FIN, REPITO, MUY BUEN ARTICULO.

Alejandra Godoy Haeberle dice:

Me alegro que estés orgullosa de ser “bicho raro” y espero que encuentres otro “bicho raro” para que formen una relación de pareja comprometida.

Gracias por tus palabras, Ale

Deyanira dice:

Me encantó, excelentemente bien redactado, soportado, explicado. Muchas gracias por compartirlo.

Alejandra Godoy Haeberle dice:

Muchas gracias por tus palabras y me alegra que te haya gustado.

Ale

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